¿Cómo influye la participación de las familias en la educación escolar?

Captura de pantalla 2015-02-15 a la(s) 23.29.41El Ministerio de Educación ha publicado el estudio La Participación de las Familias en el Entorno Escolar, un análisis cuyo objetivo es “explorar la importancia de la participación familiar y recomendar su atinado fortalecimiento como una forma de contribuir, sustantivamente, al éxito educativo y a la mejora escolar. Participación familiar entendida en un sentido moderno como sinónimo de implicación parental que puede manifestarse de distintas maneras y ejercerse con diferente intensidad”.

El estudio ha sido realizado por tres grupos de investigadores dirigidos por los profesores Rosario Reparaz, de la Universidad de Navarra, Joaquín Parra, de la Universidad de Murcia, y María Castro, de la Universidad Complutense de Madrid, y coordinados por José Luís Gaviria, de esta última universidad y ha contado con la colaboración de Consejos Escolares Autonómicos.

El estudio es serio, extenso y muy interesante pero aquí sólo reproducimos la parte final de las Recomendaciones a las familias y a los centros escolares elaboradas a partir de las conclusiones a las que han llegado los investigadores, pero si queréis leer todo el informe, podéis descargarlo en este enlace.

RECOMENDACIONES A LAS FAMILIAS

La comunicación entre familias y docentes es señal no solo de calidad, sino también de coherencia educativa. El diálogo entre ambos es fundamental si se quieren intervenciones educativas complementarias que apuesten por un mismo proyecto de persona. Solo de este modo el alumnado percibirá lo que es realmente importante en su vida. Por tanto, el diálogo no debería limitarse a edades tempranas ni centrarse exclusivamente en transmitir información de un actor al otro. Se hace cada día más necesario que fluya entre ellos la comunicación.

De acuerdo con lo anterior, un desarrollo eficaz de la participación familiar requiere de actividades de formación por parte de profesionales solventes o de padres experimentados, que aseguren una transferencia efectiva a las familias de conocimientos, actitudes y competencias. Por tal motivo, se recomienda a las AMPAs que al organizar este tipo de actividades se aseguren de la calidad probada de los formadores. Se dispone de suficiente conocimiento elaborado, basado en evidencias, como para poder elegir a formadores suficientemente preparados.

La evidencia empírica generada en esta investigación pone de manifiesto reiteradamente el importante papel que desempeña el sentimiento de pertenencia de las familias con respecto al centro educativo en el que se escolarizan sus hijos. Al tratarse del elemento de la implicación parental de mayor impacto, las familias deberían prestarle la máxima atención. El sentimiento de pertenencia estimula la participación, y esta, a su vez, tiende a promover el sentimiento de pertenencia. Este círculo virtuoso debe ser alimentado, principalmente, por las familias mediante una disposición personal favorable, la implicación en el proyecto educativo del centro y, cuando sea posible, una elección de centro meditada.

Los resultados de los análisis de ámbito internacional coinciden con los propiamente nacionales a la hora de destacar el papel relevante que, en la obtención de un buen rendimiento escolar, desempeña la importancia que atribuye la familia al logro académico. Esto se expresa mediante las altas expectativas de los padres y mediante las actuaciones de apoyo y de ayuda en casa, de acompañamiento y de supervisión de la vida escolar de sus hijos.

Por tal motivo, todas las familias, sea cual fuere su nivel socioeconómico y sociocultural, deberían situar las aspiraciones académicas para sus hijos en un lugar elevado. Esa tensión «hacia arriba», con respecto a las posibilidades escolares de los hijos —quien quiere puede—, ha de formar parte de las convicciones de las familias, de sus prácticas educativas y de las actividades de formación promovidas por las AMPAs, particularmente en los entornos familiares menos favorecidos.

La contribución a un clima escolar positivo constituye un deber cívico de las familias, pero también un modo de incidir sobre los aspectos educativos de los hijos y una forma de favorecer el éxito de los aprendizajes escolares. De acuerdo con los resultados de esta investigación, las familias, independientemente de su nivel socioeconómico o de la titularidad de los centros de sus hijos, deberían implicarse más en la vida escolar, particularmente en lo concerniente a las reuniones con el equipo docente y a los mecanismos existentes de representación y de influencia en el desarrollo de las actividades del centro.

Habida cuenta del importante papel que desempeña un clima de confianza entre las partes para la creación de una cultura efectiva de participación parental en los centros educativos, las familias deberían contribuir a la generación de dicho clima mediante actitudes de consideración hacia el profesorado, así como con la voluntad de asumir objetivos educativos comunes y con el propósito de llegar a acuerdos. Ello supone compartir información, responsabilidades, decisiones y resultados.
Otro de los aspectos que emerge de la investigación es el incremento de la importancia de la participación conforme se avanza en las diferentes etapas educativas consideradas.

Así, cuando se alcanza la Educación Secundaria Obligatoria, disminuye sensiblemente la participación parental y, sin embargo, es en esta etapa (la ESO) donde su impacto sobre el rendimiento escolar es mayor. Este hecho aconseja a las familias adaptar las formas de participación en los centros de sus hijos y no reducir su intensidad en la Educación Secundaria Obligatoria bajo la creencia errónea de que, como consecuencia de la edad, aquella es menos necesaria. Es cierto que en muchas ocasiones lo que sucede es que la implicación parental cambia de forma, pero resulta necesario estar atento por si esa adaptación, que comporta con frecuencia un alejamiento, no fuera eficaz.

RECOMENDACIONES A LOS CENTROS ESCOLARES

Considerando el importante papel que puede desempeñar una formación de calidad, por parte de las familias, en el desarrollo de los conocimientos y actitudes favorables a la implicación parental, los centros educativos deberían favorecer este tipo de actuaciones facilitando a las AMPAs los espacios, el apoyo y el asesoramiento adecuados para ello.

Una formación de calidad en materia de participación familiar dirigida al profesorado tiene tanta importancia como en el caso de las familias. El desarrollo de actitudes y de conocimientos relativos al impacto de la participación en el rendimiento académico y en el clima escolar deberían formar parte del programa formativo del profesorado en los centros. En consecuencia, los resultados de dicha formación deberían ser tenidos en cuenta en la elaboración de sus proyectos educativos.

Los centros educativos y su personal docente y no docente –como contraparte de las familias en la implicación parental– deberían contribuir a la creación de un clima cooperativo que alimente un compromiso efectivo de asociación entre familia y centro. Todo ello desde un conocimiento fundado, una actitud profesional abierta y generosa y la convicción de su utilidad en beneficio del alumnado.

Si la investigación empírica ha revelado la considerable importancia del sentimiento de pertenencia como la práctica asociada a la participación parental que mayor impacto tiene sobre el rendimiento escolar, los centros deberían idear y aplicar estrategias destinadas a estimular el desarrollo de ese sentimiento en las familias.

Más allá del carácter general de las recomendaciones dirigidas a los centros educativos, estos deberían adaptarlas a su contexto específico, pues el profesorado y su dirección son los que mejor conocen las características de las familias, sus condicionantes socioeconómicos y socioculturales y su disposición a participar. De conformidad con los resultados de la presente investigación, los centros educativos situados en entornos socialmente desfavorecidos deberían prestar una especial atención a la implicación parental para contribuir, de un modo significativo, a la mejora del clima escolar y del rendimiento de todo el alumnado.

La regulación tradicional de la participación parental a través del mecanismo de los Consejos Escolares del Centro no basta para promover una participación efectiva de las familias, generadora de los resultados educativos y académicos que dicha participación puede producir. Por ello, los centros escolares no pueden conformarse con un enfoque burocrático o puramente formalista y han de ser capaces de aprovechar todo el potencial de mejora que se alberga bajo una adecuada implicación parental.

El creciente número de variables vinculadas a la participación de las familias y la evolución de los perfiles y de la intensidad de la implicación parental, desde la Educación Infantil hasta la Secundaria Obligatoria, conciernen también a los centros escolares. Habida cuenta de que sus efectos sobre el rendimiento educativo aumentan sobre todo en esta última etapa, los Centros de Educación Secundaria deberían considerar este hecho e impulsar la implicación familiar mediante estrategias e instrumentos adecuados.

Por su utilidad demostrada y en aras de conseguir lo anteriormente recomendado, cabe destacar las siguientes líneas de acción: establecer unos mecanismos ágiles de información, facilitar las consultas de las familias y las reuniones con los tutores en una atmosfera de confianza mutua e incluso suscribir formalmente contratos entre la familia y el centro educativo en los que se reflejen, por escrito, los compromisos de ambas partes en beneficio del progreso escolar de los alumnos.

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