Cómo aprovechar (o no) 20.000 horas de clase

Examenes cdiCarlos Arroyo, autor del blog Ayuda al Estudiante de El País, que seguimos desde el blog del AMPA, publica un interesante post dirigido a los alumnos en el que les plantea cómo aprovechar el enorme número de horas que pasan en las clases para, realmente, sacar provecho de ese tiempo de aprendizaje. Así que, reproducimos aquí algunas partes para que podáis leerlo junto con vuestros hijos.

Explica que su objetivo en el blog es “dar orientaciones para que los estudiantes mejoren su forma de estudiar. Algo personal, ni más ni menos. Así que no me centro en cómo deberían ser las cosas en el universo educativo, sino en qué puede hacer un estudiante para mejorar él. Si esperamos a que las cosas vengan en nuestra ayuda, mejor esperar sentados, así que, retorciendo un poquito las famosas palabras de John F. Kennedy (“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”), no hablaré de lo que los demás pueden hacer por ti, sino de lo que tú puedes hacer por ti mismo”.

Ha calculado el número de horas que los estudiantes pasan en clase: 20.000 horas en 20 años, contando con los años de la universidad.
“Aprovecharlas o no aprovecharlas, esa es la cuestión”.

¿Cómo aprovecharlas? Aquí vienen sus recomendaciones

“Muchas cosas ajenas a ti podrían mejorar en el aula. Pero, en lo que te corresponde personalmente, y para darle a tu trabajo la importancia que merece, tu actitud personal debería ser:

  • Positiva. Debes ser consciente de que en clase vas a sacar beneficios personales, aunque en algunos momentos te cueste hacer el esfuerzo.
  • Responsable. No necesitas que nadie te recuerde dónde estás, te vigile ni te coaccione. Tú te autocontrolas y estás al mando de tu actitud y tu conducta.
  • Proactiva. Estás decidido a sacar el máximo, así que atiendes, participas y consultas.

¿En qué te beneficia atender en clase?

1. Aprendes más (y más eficazmente). El aprendizaje que implica varios sentidos (y, a veces, acción) es más vivo, intenso y eficaz que el que solo se basa en la lectura de materiales. En clase se escucha, se ve, se hace y se interactúa, factores todos ellos que te ayudan a aprender.

2. Tienes a un especialista a tu disposición para resolver dudas y dificultades. En casa no es habitual.

3. Aprendes cosas que quizá no vuelvan a estar a tu alcance en mucho tiempo (o nunca). No todas, pero algunas clases desaprovechadas son oportunidades perdidas.

4. Te automotivas, como consecuencia retroalimentada por tu actitud positiva y proactiva. Ya que no siempre hay motivación externa, la automotivación es esencial para obtener buenos resultados.

5. Te entrenas para un futuro profesional en el que probablemente pasarás horas y horas escuchando explicaciones sobre cosas que ignoras.

6. Necesitas trabajar menos horas en casa. Una buena pauta, a partir de los 15-16 años, es trabajar en casa aproximadamente la mitad de las horas que en clase (en cómputo semanal, 15-18 horas). Obviamente, si no rindes en clase, una de dos: o lo suples en casa o empeoran tus resultados. Muchas alternativas no hay.

¿Cómo puedes sacar el máximo partido a tus clases?

1. Empieza la preparación antes de la clase. Un par de días antes de iniciar cada tema, una mirada rápida y una lectura superficial (índice, apartados, principales conceptos, tratamiento gráfico, contenidos necesarios de anteriores unidades). Solo media hora para saber de qué va la película.

2. Si puedes, elige un sitio delantero y lo más pacífico posible. Cerca del profesor y lejos del bullicio captarás los matices de las explicaciones y eso te ayudará a asimilar los contenidos. El oído y la vista se refuerzan mutuamente y, si uno de ellos tiene dificultades, el otro se resiente y tu concentración se evapora.

3. Sé puntual y súbete al tren antes de que inicie el viaje. Si te enganchas en condiciones desde el inicio, asimilarás el tema. Si te desenganchas, te costará mucho subir al tren a medio viaje, te perderás contenidos relevantes y te sentirás arrastrado por una dinámica de descuelgue.

4. No te bajes del tren en marcha charlando con los compañeros. Es un gran error que te perjudica a ti (y a ellos), por lo que te pierdes y por la dificultad de reconectar.

5. Inspírate en los buenos estudiantes y acércate a ellos. Obsérvalos, aprende imitándolos en lo que más te guste. Si a ellos le va bien, es por algún motivo, y tú puedes sacar beneficios. Aprende a diferenciar a los alumnos ejemplares de los simplemente populares, aunque eso requiera cierta autonomía para desmarcarse de la masa.

6. Intenta mantener una actitud positiva hacia la materia, hacia los contenidos y hacia el profesor, porque eso refuerza tu capacidad de atención y concentración. Por el contrario, una actitud negativa te bloquea la mente y no te deja aprender en condiciones.

7. Sé proactivo. Ve a clase a trabajar, no a estar; a escuchar, no a oír; a ver, no a mirar; a participar, no a ocupar el pupitre; a anotar, no a garabatear; a pensar en lo que sucede en el aula, no en lo que pasa fuera. La proactividad es dar pasos adelante en lugar de quedarse esperando. La consecuencia es doble. En primer lugar, intensifica y centra tu atención, por lo que asimilas mejor. En segundo lugar, te permite dar una imagen positiva al profesor, lo que a la larga influye en tu evaluación.

8. Extrema la atención a los encargos y las pistas. Si la atención debe ser intensa en las explicaciones, aún más debe serlo cuando el profesor encarga tareas, anuncia exámenes o da pistas sobre qué es lo importante y qué no lo es tanto. Todo lo que se refiera a tareas y fechas o contenido de los exámenes es esencial. No basta oírlo: anótalo.

9. Conoce el estilo del profesor y sacas conclusiones prácticas. ¿Tiende a lo teórico o le gustan los ejercicios y las actividades? ¿Es relajado o tenso? ¿Exigente o tolerante con los errores? ¿Dialogante o distante? ¿Dice esto con el mismo tono de siempre o cambia para subrayar su importancia? En fin, el catálogo de opciones es largo, pero cuanto mejor lo conozcas, mejor podrás adaptarte a su clase y sacar partido de ella. Hacer un esfuerzo por conocer su psicología y  estilo didáctico es inteligente por tu parte.

10. El trabajo de clase no acaba en clase, sino que exige que vayas trabajando los temas en casa al poco tiempo. Cuando los tienes frescos, te será incomparablemente más fácil dominarlos, aplicarlos y memorizarlos. Si dejas que pase el tiempo, la huella en tu memoria se habrá fosilizado.

Y aún hay más… puedes leer el resto del artículo en este link.

Anuncios

Los comentarios están cerrados.