6 reflexiones de un padre sobre la educación actual

Captura de pantalla 2014-02-24 a la(s) 08.45.07Artículo de opinión escrito por Héctor Corazzini, padre de alumno.

Quiero empezar diciendo que desconozco el mundo de la educación salvo como estudiante, y que por tanto lo que escribo a continuación puede ser resultado del atrevimiento de un ignorante. Son sólo 6 ideas sencillas, que seguramente no son todo lo acertadas que me parecen, ya que de lo contrario se podría llegar a la conclusión de que la forma en que estamos educando a nuestros jóvenes es un sinsentido.

1. Se aprende practicando

Se aprende más haciendo algo uno mismo que mirando cómo lo hace otro.
Se aprende más enseñando a otro que tratando de ser enseñado.
En suma, se aprende más en una actitud activa que en una actitud pasiva. Nadie lo duda.
¿Entonces por qué la educación actual fomenta la actitud pasiva hasta el límite?
Los alumnos pasan la mayor parte de su tiempo mirando a un profesor, escuchando y tomando apuntes más de 5 horas todos los días! No digo 6 horas porque quiero pensar que hay una parte del tiempo en la que son activos, salen a la pizarra, hablan, hacen un examen, escriben o hacen deporte.

¿Cómo pueden estudiar Lengua y Literatura leyendo y escuchando? La literatura no consiste en saber quien escribió qué obra, ¡consiste en escribirla! La mayor parte del tiempo de Lengua y Literatura debería dedicarse a escribir ensayos, poemas, cartas, artículos y hasta inventar chistes, diálogos, teatro.. ¿no sería mejor conocer a Gustavo Adolfo Becker en el proceso de intentar escribir sobre las emociones propias? Así, un poeta no sería alguien a quien se lee para ir a un examen, sino alguien que te descubre un camino para expresar tus emociones.

Es verdad que así no se podría llegar a estudiar a tantos autores como ahora ¿y qué? ¿acaso no es mejor que aprendan a escribir y adquieran el gusto por la literatura? ¡Ya leerán ellos solos a quien quieran!
Alguien puede pensar que en el caso de la Lengua y Literatura es más fácil ser práctico que en otras asignaturas, por ejemplo, en Biología. Creo que no es así. En todas las asignaturas se puede tener un enfoque mayoritariamente práctico. Por ejemplo, en Biología, se pueden formar grupos de alumnos para preparar distintas partes del tema y exponer a sus compañeros esas partes. El profesor no tiene que dedicar 5 horas a dar clase cada semana, sólo tiene que organizarles el trabajo, resolverles sus dudas mientras lo están haciendo o incluso dirigirles al video de Youtube donde se explica (que seguro que existe, y si no existe, ahí tenemos otra tarea práctica), validar los trabajos antes de su presentación para asegurarse de que están completos y correctos, escucharles mientras se explican, hacerles preguntas y evaluarles. Este tipo de trabajos prácticos deberían representar un porcentaje de la nota final si queremos fomentar la práctica.

Pero no solo eso, se pueden hacer experimentos, se pueden construir cosas, se puede pedir a un alumno que corrija el trabajo de otro, se puede escribir aplicando el método científico en respuesta a una pregunta realizada por el profesor que implique investigar algo… hasta se pueden organizar voluntariado para la educación en valores. Todo se puede practicar.
Es otra forma de pensar en la educación.

2. La inteligencia no es ningún mérito. Valoremos también el esfuerzo.
Después de estudiar siete años en EEUU hay una cosa de la que estoy convencido: en España se sobrevalora la inteligencia y se infravalora el esfuerzo. Los alumnos inteligentes tienen que trabajar menos que en EEUU para conseguir notas brillantes, mientras que los menos inteligentes lo tienen más difícil a pesar del esfuerzo que realicen.

Tenemos que ser conscientes que de la misma forma que hay niños que aprenden a leer años antes que otros, también subsisten diferencias importantes entre los alumnos de bachillerato. Hay chicos a los que les falta uno o dos años para tener la mente analítica requerida para resolver o entender determinados problemas que ahora se exigen a menudo en los exámenes, y otros que hace un año que ya la tienen. Pero de la misma forma que esto se entiende bien en primaria y no se deja a nadie fuera porque se entiende que sería una catástrofe dejar al 20% de la población sin leer y escribir adecuadamente, en bachillerato no existe la misma percepción.

Por mucho que estiremos de la planta no van a crecer más rápido; la diferencia es que en primaria se la riega y se la cuida, y acaba creciendo, mientras que en bachillerato, con la excusa de que es opcional, las plantas que no crecen rápidamente se las corta.

No digo que no haya que ser selectivos con los estudiantes que optan a ir a la Universidad, y estaría de acuerdo con el nivel exigido si no me hubiera educado en EEUU en una educación intensiva en trabajo, y si la situación fuera otra en nuestro país. Pero en España a menudo, los centros educativos en los que se estudia bachillerato se ven evaluados por el número de sus alumnos que han aprobado la selectividad, y no tanto por el porcentaje de alumnos que han conseguido terminar con respecto a los que han entrado y las notas con las que lo han hecho. Si miramos el porcentaje de repeticiones de curso en primaria y secundaria por país incluido España,el resultado asusta:
● La media de Asia-Pacífico es de 2,2%
● La media de los países industrializados es de 3,9%
● La media de América Latina y el Caribe es de 7,4%
● La media de Africa del Norte y del Sur y Este es de algo más del 12%
● La media mundial es de 7,8%
● La media de España es de 9,4%; entre América Latina y Africa! (Espero que estas cifras no sean correctas y que alguien me corrija)
Insistir en la excelencia en un país, España, con uno de los mayores porcentajes de paro juvenil, donde el 85% de los casi un millón de desempleados de menos de 25 años no han terminado el bachillerato, es casi inmoral.

Pero mas que “bajar el nivel”, se trata de un cambio de mentalidad. Me atrevo a decir que, al menos en la Universidad y me lleva a pensar que en los IES también, todavía existen departamentos y profesores con prácticas como no poner nunca un 10 por sistema o endurecer los exámenes para que no aprueben un determinado porcentaje de la clase, que no sólo reflejan una mentalidad elitista sino que tienen un efecto desastroso en la motivación de los estudiantes y en la efectividad de la enseñanza de nuestro país (ver anexo “Grading on a curve” sobre la forma de pensar que propongo a la hora de evaluar)

¿Qué es lo que creo que se podría hacer?

  • Poner más trabajo, que sea útil (orientado a mejorar los resultados del examen) que cubra todo el alcance del examen, que este graduado en dificultad de fácil a difícil para que a cualquiera le resulte fácil empezar, que unos ejercicios lleven a otros, y que en su mayor nivel de dificultad siempre exceda al del examen. Lo anterior parece que llevaría tiempo en ser preparado. Así es. Pero según mi punto de vista es más importante que las clases. Los profesores dedicarían menos tiempo a dar clase y más tiempo a preparar las actividades de los alumnos valorarlas y seguirlas, e incluso servirse de los alumnos excelentes para explicar cosas a los que lo necesitan e incluso corregir ejercicios.
  • Hacer más exámenes, al menos uno por semana. Cuidar que el nivel de los exámenes se ciña al conocimiento esencial requerido, salvo en todo caso las preguntas para sobresaliente, y no requiera una capacidad de análisis que muchos alumnos pueden no tener y que distorsionaría los resultados. Todos esos pequeños exámenes y trabajos tendrían un peso en la nota final superior al del examen de evaluación, de forma que existiría una motivación por estar permanentemente trabajando.

Exijamos trabajo y esfuerzo; no mártires ni genios.

3. Se aprende cuando se necesita
Si no necesito aprender algo ¿cómo voy a tener interés en aprenderlo?
Tanto como enseñar, el profesor debe conseguir que el alumno quiera aprender. ¿Cómo?
Si se le pide a un alumno sin más que lea un texto determinado de un autor casi seguro que no lo lee. Si se le pide que haga una presentación sobre un autor, y además puede elegirlo él, y además se dedica una clase a la preparación de las presentaciones, y además es en grupo y cada miembro del equipo tiene que preparar un texto del mismo autor… es más probable que lo lea.
Si se le exige al alumno algo práctico que debe realizar en relación al conocimiento que debe adquirir, habrá muchas más probabilidades de que se interese por adquirir ese conocimiento.

De nuevo uno se pregunta de dónde van a sacar tiempo los profesores para preparar todo esto. Es cierto que con un programa educativo tan insensato como el que tenemos, sin más medios y con la mentalidad tradicional en la que las clases son lo más importante, poco puede hacerse. Pero dentro de las restricciones, con un cambio de mentalidad y dando menos tiempo a las clases, algo es posible hacer. Además lo más difícil es arrancar, una vez se tiene toda una librería de trabajos y procedimientos ya hechos, los profesores tendrían más tiempo.

Los libros de texto deben ayudar, y aprovecho para decir que hay libros de texto con ejercicios bien graduados y pensados para aprender, especialmente en los libros de matemáticas, y otros -la mayoría me temo-, con ejercicios inútiles para practicar el conocimiento esencial que se ha aprendido. A mi modo de ver este debería ser un criterio muy importante a la hora de seleccionar un libro.

De alguna forma la OCDE está de acuerdo con la idea que expreso sobre el tiempo que los profesores deben dedicar a las clases. Según el informe de la OCDE “Education at a Glance. EI summary of key findings” de 2012, traduzco literalmente:
“La proporción del tiempo de trabajo que los profesores dedican a dar clase es un importante indicador que ofrece información sobre el tiempo que puede estar disponible para otras actividades, tales como la preparación de las clases, corrección, formación en servicio y reuniones. De hecho los resultados del análisis sugieren que un mayor tiempo dedicado a dar clase puede indicar que menos tiempo es dedicado a tareas como la evaluación de estudiantes y la preparación de clases. En la mayoría de los países de la OCDE este tiempo ha permanecido sin cambios entre 2000 y 2010. Sin embargo el número de horas de clase ha cambiado drásticamente en algunos países: se ha incrementado mas del 25% en la República Checa en primaria, y en Portugal y España en secundaria.”

4. A veces hay que aprender “en espiral”
Las asignaturas están organizadas como diccionarios, con todo el conocimiento perfectamente estructurado, y así se enseña. Es muy atractivo para el que ya tiene el conocimiento, pero muchas veces es contraproducente para quien tiene que aprenderlo. Los que descubrieron ese conocimiento desde luego no lo aprendieron así. Nadie aprende inglés leyendo un diccionario empezando por la A y acabando por la Z.

Los libros de texto tienden a ser libros de referencia y no libros diseñados para aprender. A mi modo de ver, cada tema debería centrarse en una única idea, una idea fácil de asimilar, que pueda desarrollarse y que poco a poco lleve al resto de las ideas del tema. Si hay ideas independientes que se quedan descolgadas y no son suficientes para abrir una nueva espiral de conocimiento, seguro que no son esenciales.

Donde mejor se ve esta técnica de aprendizaje es en los idiomas. Imaginemos el caso de dos personas que aprenden inglés:
● Una de ellas es un estudiante español que lleva desde los 7 años dando clases de inglés sin haber salido nunca a practicarlo. Después de 11 años, cuando este alumno tiene 18 años apenas es capaz de mantener una conversación con un inglés o de entender una película en inglés.
● La otra es un inmigrante Mexicano que cruza la frontera con EEUU ilegalmente, jamás ha estudiado inglés y apenas tiene oportunidad de hacerlo en EEUU. Transcurrido el mismo tiempo, 11 años, habla inglés de forma fluida, entiende películas, pero no sabrá escribirlo.
En estos casos se puede ver claramente la ineficiencia de ambos extremos; tras 11 años en ninguno de los dos casos se ha conseguido una enseñanza adecuada del idioma; enseñanza que podría haberse conseguido en la mitad de tiempo o menos si se hubiera combinado adecuadamente una enseñanza en espiral por inmersión y práctica con una enseñanza estructurada teórico-práctica.

5. En el “mundo real” se buscan habilidades, y no tanto conocimiento.
Al menos, en el mundo de la ingeniería en el que trabajo, el peso que tiene el conocimiento a la hora de valorar a un ingeniero es muy inferior al peso que tienen las habilidades.
Si en el mundo laboral se exigen habilidades ¿cómo es que con casi 6 millones de desempleados seguimos teniendo una educación tan intensiva en conocimiento y tan débil en la enseñanza de habilidades?
Parece que nadie cuestiona que el programa educativo esté dividido en asignaturas que representan conocimientos: Matemáticas, Literatura, Biología, Filosofía.. ¿Alguien se imagina un programa educativo dividido en asignaturas que representan habilidades?
● Capacidad de Aprendizaje. Técnicas de estudio y análisis
● Creatividad
● Identificación y resolución de problemas
● Planificación y organización
● Control emocional, templanza, actitud positiva
● Comunicación escrita. Capacidad de escribir con propósito (de comunicar algo, de hacer sentir bien a otro, de manifestar emociones, de motivar, de rechazar amablemente..)
● Comunicación verbal
● Trabajo en equipo
● Capacidad de análisis (desde entender lo esencial de un texto literario hasta programación de ordenadores)
Aunque parezca imposible, hasta cosas tan aparentemente difíciles de enseñar como la Creatividad existen como asignaturas.
Todo lo que se enseña actualmente requiere varias de estas capacidades, pero nada de lo que se enseña se enfoca en ellas sino que son un resultado indirecto de la enseñanza del conocimiento, cuando debería ser justo al revés, el conocimiento debería ser el resultado indirecto del aprendizaje de habilidades.

Con una enseñanza centrada en las habilidades, al no estar estructurado el conocimiento y ser imposible abarcarlo todo indirectamente (a través de las actividades que realizarían) es cierto que los alumnos saldrían con lagunas de conocimiento con respecto a la enseñanza actual; a cambio saldrían con una mayor capacidad de aprender y más motivación para hacerlo, más capacidad de organizarse para resolver situaciones, más habilidad para resolverlas cuando son difíciles, más creatividad, más capacidad de expresar ideas y emociones y habilidad para hacerlo convenciendo, emocionando, respetando, más capacidad de analizar lo que leen, escuchan y ven … ¿qué preferimos?

¿Parece ciencia ficción? No se puede mantener la educación actual y además tratar de hacer todo esto. Se trata de sustituir buena parte de la educación actual basada en la transferencia pasiva de conocimiento por una educación basada en la enseñanza de menos conocimiento y más habilidades, de mucha menos actividad pasiva y mucha más activa. Entonces habría tiempo y recursos suficientes.

6. Formación y evaluación de los profesores
Incluyo esto sin conocimiento, no es mi idea en este caso, pero una vez oí a Bill Gates, refiriéndose a un estudio (Measures of Effective Teaching Project) de su fundación sobre la educación en EEUU, que me llamó la atención. Mencionaba que uno de los mayores problemas de la educación en su país es la evaluación y formación de los profesores una vez están ejerciendo. Parece ser que están bastante solos en las clases, su forma de enseñar no se evalúa adecuadamente (por lo visto hay pocas evaluaciones anuales, nada exhaustivas y no resultan en mejoras) y los mismos errores se repiten año tras año sin oportunidad de reparo o mejora. Creo recordar que una conclusión insistía en la importancia de tener en los centros recursos dedicados a evaluar y mejorar las habilidades y técnicas de los profesores.
Si este es un problema tan importante en EEUU es posible que también lo sea en España.

Para terminar, unas palabras sobre el informe PISA. Tengo la sensación de que hay pocos indicadores justos en educación. Por ejemplo, parece haber consenso en que universidades como Hardvard o el MIT están entre las diez mejores universidades del mundo año tras año, pero los criterios de medición no parecen reflejar lo que estas universidades han mejorado a los alumnos.

Si el objetivo fundamental de una institución educativa es enseñar, su éxito debería venir determinado por lo que enseñan. Si los alumnos que entran son malos estudiantes y salen buenos, claramente la institución ha cumplido con su cometido. Si la institución se dedica a filtrar estudiantes para quedarse con los excelentes y también salen excelentes, no tenemos ni idea de si ha cumplido su cometido o no, y este suele ser el caso de las mejores universidades.

Tendemos a comparar los resultados del informe PISA como si fueran comparables entre distintos países, pero no es lo mismo conseguir unos buenos resultados habiendo sacado adelante a más del 95% de los alumnos que han iniciado secundaria en un país con acceso universal a la educación, que en países donde el acceso a la educación es más difícil o donde el porcentaje de estudiantes que terminan la educación secundaria es menor y por tanto sólo se están publicando las notas de algunos (los que terminan) presumiblemente los mejores.
España está entre los países de cabeza de la OCDE en la universalidad del acceso a la educación y, como he mencionado antes, en los de cola de la OCDE en el porcentaje de graduados de educación secundaria (con respecto a los que lo intentan, y aún peor con respecto a la población total).

Por tanto, el problema no es tanto de excelencia en la educación sino de conseguir que un mayor porcentaje de población acabe estudios secundarios en un mundo en el que los que no lo consigan van a tener muchas menos oportunidades. Vuelvo a insistir en que el 85% de los casi un millón de desempleados de menos de 25 años en España no han terminado el bachillerato, ¿qué futuro les espera?
Al final, si miramos el criterio que se utiliza para determinar los países con mejor educación, no son las notas, sino el porcentaje de población con estudios .

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