De cómo la tecnología elimina profesiones y qué habilidades necesitará el mercado laboral futuro

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No es la crisis la culpable de la eliminación de profesiones, sino las nuevas tecnologías, la nueva revolución tecnológica en la que llevamos inmersos desde hace años, tal y como explican los autores de este artículo de opinión que nos ha recomendado un padre del AMPA y del que aquí reproducimos algunos párrafos.

En un futuro que ya está aquí, las máquinas o la tecnología se hará cargo de las tareas rutinarias, ya sean manuales o intelectuales: “quizás no somos conscientes de la cantidad de empleos que son rutinarios cuando se aplica suficiente capacidad informática. Hace unos años pensábamos que el ajedrez requería una combinación de inteligencia y creatividad que los ordenadores jamás tendrían. Luego aprendimos que un superordenador podía derrotar a un campeón humano. Hoy, un programa que corre en su teléfono móvil es varios órdenes de magnitud superior que el mejor ajedrecista humano de la historia.”

[…]”Esta combinación de capacidad informática y precio significa que actividades diarias, como conducir un coche, han sido ya transformadas. Los coches de Google circulan por las carreteras californianas con normalidad. Es un problema resuelto que solo espera a los cambios legislativos para ser una realidad diaria. La existencia de vehículos conducidos por ordenador traerá muchas cosas buenas. Uno podrá dormir un rato por las mañanas mientras el coche le lleva al trabajo. Habrá menos accidentes, menos gasto energético y mejor flujo de tráfico. Desafortunadamente, también perjudicará a las personas que conducen profesionalmente. […]

“Dado las grandes ventajas que tendrán los camiones automáticos (no se cansan, son más fiables y más baratos), en unos años puede que los conductores de camión sean algo similar a los conductores de diligencias: algo que aparece en las películas antiguas. Un trabajo que no parecía rutinario termina siendo perfectamente automatizable”.[…]

“Pero los conductores de camión no son los únicos que sufrirán. Los diagnósticos médicos asistidos por ordenador, que ya son una realidad en cáncer y arteriosclerosis, eliminarán, en muchos casos, al radiólogo. Es fácil entrenar a un sistema experto para que analice, de una manera más efectiva que un humano, una mamografía. Buena parte de los contratos y actos jurídicos podrán ser automatizados, prescindiendo con ello de muchísimos abogados. Incluso nuestros trabajos, de profesores, puede que sean sustituidos en buena medida por sistemas automáticos de enseñanza”.

“Cabe pensar que el cambio tecnológico es una constante desde hace 300 años. En un par de siglos, las personas que trabajan en el campo en España han pasado de ser cerca del 75% de la población a poco más del 4%. ¿Por qué preocuparse ahora? ¿Estamos observando algo nuevo? ¿No cabe imaginar que, frente a nuestras preocupaciones (iguales a las que tenían los economistas del siglo XIX), la economía generará suficientes buenos nuevos empleos a medida que crezca la productividad?

El reto es que ahora existen dos diferencias: la velocidad de los cambios y el efecto sobre muchísimos empleos. Ninguna tecnología ha aumentado a esta velocidad desde el principio de la historia. […]

Estas diferencias pueden tener dos consecuencias importantes. La primera es una fuerte polarización del ingreso. Una minoría de la población, que por educación y capacidades innatas interactúe bien con las nuevas tecnologías, verá incrementar sus ingresos de manera espectacular. Una mayoría de la población, ante la mejor demanda por sus servicios, verá que sus salarios caer. La velocidad del cambio será tal que estos trabajadores tendrán poca capacidad de reaccionar a tiempo. Muchos de ellos simplemente abandonarán la población activa (algo que ya se observa en Estados Unidos). […]

La clave, más que nunca, es la educación en habilidades abstractas, analíticas y creativas. […] Desgraciadamente, como hemos argumentado repetidas veces en estas páginas, el sistema educativo español y nuestro proceso de selección de élites está particularmente mal enfocado para ello. […] Una nueva era de los ordenadores está llamando a la puerta y España, como muchas otras veces en nuestra historia, está durmiendo la siesta.

Jesús Fernández-Villaverde es catedrático de Economía de la Universidad de Pensilvania. Luis Garicano es catedrático de Economía y Estrategia de la London School of Economics.

Puedes leer aquí el artículo completo publicado en El País.

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