¿Premiar por estudiar?

Captura de pantalla 2013-03-10 a la(s) 23.17.17Creo que no me equivocaría mucho si dijera que el buen uso de los premios y los castigos son la asignatura pendiente de muchos padres y madres, entre los que me incluyo. En general, nos resulta más fácil castigar que premiar porque a la hora de premiar, a mí al menos, me surgen dudas sobre si debo premiar o no determinadas conductas que considero lógicas o exigibles a mis hijos.

Precisamente de esto hablan en este blog, de los premios que damos por el hecho de estudiar.  ¿Debemos premiar el hacer lo que deben hacer? ¿Cuándo debemos premiar a un hijo que saca buenas notas?

Él da algunas recomendaciones:

“…convendría que tuvieran en cuenta esta especie de diez mandamientos sobre el arte de premiar conductas adecuadas, con el fin de que los premios, en lugar de ser perniciosos, sirvan de refuerzo de los comportamientos positivos:

  • Explicar las razones concretas del premio (no dejarlas en la niebla de una conducta general).
  • Premiar más pronto que tarde (el retraso diluye el vínculo con la conducta premiada).
  • Premiar algo realmente destacado dentro del contexto general (no cualquier cosa, aunque sea positiva).
  • Premiar más bien pocas que muchas veces (los premios continuos se perjudican unos a otros en su respectiva capacidad de refuerzo).
  • Premiar con algo que sea apreciado por el premiado (no solo por el premiador).
  • Premiar con algo que no sea considerado negativo por el premiador (aunque sea deseado por el premiado).
  • Premiar especialmente las conductas que supongan un cambio a mejor (más que las rutinarias, aunque puedan ser positivas: esas no necesitan apenas refuerzo).
  • No incumplir jamás la concesión de un premio cuando se cumplan las condiciones preestablecidas.
  • Distinguir las situaciones en las que un reconocimiento sincero tiene igual o más valor que un premio material.
  • Premiar de forma ponderada (no dar premios exagerados por conductas normales o incluso exigibles).

En términos generales, prometer una moto a un chico o una chica para que haga aquello que tiene obligación de hacer incumple sobre todo el punto 10 y el 3, y probablemente también el 6 y el 7. Si a ellos sumamos que, a menudo, la razón de la moto de un joven es simplemente que su amigo o su amiga ya la tienen, hay que reconocer que la moto puede ser cualquier cosa, menos un premio razonable. En muchos casos se ha convertido en una especie de derecho básico de la juventud.

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